
Alguna mente burocrática imaginó, mientras se bañaba, un experimento para la ciudad.
"¿Y si en Guadalajara hay avenidas, y las hay por todas partes, por qué no hacer una más grande, más veloz y más gravemente peligrosa para los peatones?", se preguntó.
Esa mente brillante está en la Secretaría de Vialidad y Transporte. Pero no estamos aquí para saber si se baña en domingo o no. Eso le corresponde al sesuso servidor público y sus hervores.
Lo que nos interesa acá es entender qué sucede con el millón y medio de autos que cada día se mueven en la Zona Metropolitana y cuál es su interacción con esa especie de exiliado de las banquetas y rayas amarillas: el peatón.
Resulta que la Secretaría de nuestro límpido funcionario público está experimentando en Avenida López Mateos con autos y peatones, de modo que la arteria podría convertirse en un rápido viaducto... sólo para bólidos.